Traemos hoy a nuestra serie ‘Artistas en Verde’ a otra fabulosa artista que trabaja con neumáticos al final de su vida útil (NFVU): la escultora estadounidense Chakaia Booker (Nueva Jersey, 1953, afincada en Nueva York desde joven), capaz de transformar el caucho en mucho más que esculturas, aportar trascendencia al material y convertirlo en algo así como símbolos que hablan de mitos y ritos, tótems de memoria histórica, de igualdad de género y razas, incluso en metáforas de las diferentes capas y cicatrices de nuestras sociedades.
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Así se presenta Chakaia en su web: “De renombre internacional y ampliamente representada en colecciones, conocida por crear obras monumentales y abstractas a partir de neumáticos reciclados y acero inoxidable, tanto para galerías como para espacios públicos al aire libre”.
Chakaia se une así a otros grandes que crean esculturas monumentales a partir de la recuperación de neumáticos y que han pasado en los últimos meses por este blog de Signus, como el estonio Villu Jaanisoo y la mexicana Betsabeé Romero.
Podemos disfrutar de las obras de Booker no solo en más de 40 colecciones en Estados Unidos, Europa, África y Asia, sino también en espacios abiertos en ciudades como Chicago, Nueva York y Washington. Sus últimas instalaciones realmente son monumentales y con un profundo sentido artístico, muy alejado de la artesanía y la estricta figuración. Por ejemplo, entre 2021 y 2024 montó dos instalaciones de su serie Shaved Portions en el Campbell Art Park de Oklahoma y en el Campus Danforth de la Universidad de Washington, en San Luis, con dimensiones que superan los 10 metros de alto y los 23 de largo. El Storm King Art Center, un famoso museo de escultura contemporánea al aire libre en Cornwall (Estado de Nueva York), cuenta con varias obras de ella, como Focos y Un momento en el tiempo, y Dèjá Vu pudo verse en Millennium Park de Chicago, trasladado luego al Pyramid Sculpture Park, en Hamilton (Ohio).

Ella misma, con su manera de ir ataviada, es una escultura andante de reciclaje, con diversas capas superpuestas de textiles, abalorios africanos y otros materiales… –sí, también caucho– recuperados.
Esto dicen de ella en el Storm King: “Chakaia Booker transforma los neumáticos abandonados –símbolos icónicos del desperdicio y la degradación urbana– en extraordinarias composiciones de renovación.
Un momento en el tiempo sugiere múltiples significados que se entrecruzan en contextos históricos, sociales, políticos y culturales”. Chakaia, por su parte, ha declarado: ‘La diversidad cultural de nuestra sociedad tiene muchas similitudes con los neumáticos, que pueden conservar maravillosos patrones visuales que surgen entre las capas metálicas y el caucho. A veces son manchas de óxido; otras veces son las texturas, las marcas de la rodadura lo que permanece”.
Toda una reflexión que pocas veces nos habíamos planteado aquí: esas concomitancias entre neumáticos y sociedad. El Storm King aún va más allá: “Las diversas tonalidades del caucho utilizado, desde marrón y azul hasta verde y rojo-negro, evocan diferentes identidades raciales, a la vez que evocan la larga historia de la escultura negra monocromática en el arte moderno. Como objetos comerciales, los neumáticos simbolizan el auge y la caída de las revoluciones industriales, el desplazamiento de poblaciones por el territorio, el crecimiento de los suburbios y la decadencia de los centros urbanos. Desechados y reutilizados, los neumáticos de Booker también sirven como metáforas del ciclo de la fabricación industrial y los residuos en nuestra era contemporánea de expansión global. Un Momento en el Tiempo alude no solo a la degradación y el deterioro ambiental, sino también a la posibilidad de transformación y redención a través de la sensibilidad ambiental”.
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Por otro lado, los trabajos de estudio de Booker son delicadas piezas abstractas, como Es tan difícil ser verde, pieza creada para la edición del año 2000 de la prestigiosa Whitney Biennial, de Nueva York, y Cruda Atracción, de 2001, que representa una vagina como reivindicación feminista sin rodeos; se encuentra en los fondos de The Metropolitan Museum of Art (The MET) de Nueva York.
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Otro de los centros con obra de Booker es el Museo Nacional de Mujeres Artistas, abierto en 1981 en Washington, por los mecenas Wilhelmina Cole Holladay y su esposo, Wallace F. Holladay, que comenzaron a coleccionar arte en la década de 1960, justo cuando las academias empezaban a debatir la pobre representación de las mujeres en las colecciones de los museos y en las principales exposiciones de arte. Los Holladay se quedaron impresionados por un bodegón del siglo XVII de Clara Peeters que vieron en Europa, y aún más impresionados y extrañados cuando descubrieron que en la canónica Historia del Arte se había invisibilizado a esta extraordinaria artista. Así que se pusieron manos a la obra y se comprometieron a recoger obras de arte de mujeres y a crear un museo y un centro de investigación en torno a este tema. (Perdonad esta digresión colateral a Chakaia, pero me parecía interesante hablar de este centro y de cómo se ha ninguneado a las mujeres artistas a lo largo de los siglos; ahora empiezan a ocupar su lugar).
Pues bien, el Museo Nacional de Mujeres Artistas tiene la obra El Gato (2001), de Booker; así hablan de ella: “No hay separación entre quién soy y lo que hago”, dice la escultora sobre su proceso artístico. Booker dobla, enrolla y corta neumáticos de caucho para crear esculturas innovadoras como medio de crítica social. El trabajo de Booker parte de su interés por la moda y el textil. De niña, las mujeres de su familia le enseñaron a coser. A partir de esta habilidad, desarrolló su estilo artístico confeccionando su propia ropa en la adolescencia.
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Tras obtener una licenciatura en Sociología por la Universidad de Rutgers en 1976, Booker se mudó a Manhattan, donde realizó prácticas relacionadas con la cerámica y la cestería. Continuó creando sus propias esculturas portátiles con materiales encontrados. Booker obtuvo su maestría en Bellas Artes en el City College de Nueva York en 1993. También en esa última década del siglo XX, Booker se interesó por los neumáticos viejos y desechados y el caucho quemado de los incendios de automóviles en el paisaje urbano del East Village de Manhattan. Al principio se sintió atraída por los neumáticos por su accesibilidad, pero pronto se dio cuenta de sus posibilidades artísticas y su poder expresivo”.
Y añaden sus comisarios, muy en la línea del Storm King: “Para Booker, el desgaste de los neumáticos desechados remite al ciclo de vida de la humanidad y el proceso de envejecimiento. Las variaciones tonales del caucho evocan la diversidad de la identidad humana, mientras que las bandas de rodadura pueden hacer referencia a diseños textiles y marcas de la diáspora africana. Booker también valora las perspectivas que cada persona aporta a su obra: “Como artista, expongo las ideas expresadas en la escultura con mi propia experiencia; luego, cada persona del público responde a la obra basándose en la suya propia”. Sobre la obra, explican: “En El Gato, Booker ha combinado madera con una gran variedad de neumáticos de bicicleta y automóvil para crear una compleja composición. La forma y la escala de la escultura, de aspecto humano, evocan el interés de la artista por los motivos africanos y los tocados ceremoniales”. Como decíamos más arriba, algo de lo que ella hace gala en su propia vestimenta.
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Un apunte más. Escribía Seph Rodney en Hyperallergic, revista on line de arte con sede en Brooklyn (Nueva York), en 2021: “Casi todos los objetos de esta exposición dan esta sensación: especímenes disecados de algún bestiario perdido en el tiempo o poderosos talismanes hechos del material lúgubremente manufacturado de caucho negro. Toda la obra de Booker se presta a este tipo de fabulación imaginativa”.
Se refería Rodney a la gran exposición que el ICA (Instituto de Arte Contemporáneo) de Miami le montó nada más iniciada esta década a Chakaia Booker. Escribieron cosas así en su hoja curatorial: “Se trata de una artista cuyas obras icónicas no han sido lo suficientemente reconocidas por su vitalidad formal y sus contribuciones al arte estadounidense. Desde 1993, Booker ha creado un estilo impactante, hermoso y con carga política, que le ha marcado su identidad, ensamblando neumáticos desechados para crear paisajes monumentales. Esta exposición presenta la virtuosa práctica de Booker en diversos medios. (…) Se incluyen importantes obras experimentales de ensamblaje en bronce, cerámica y plástico. Las fotografías de las series Foundling Warrior Quest y Graveyard Series muestran a la artista recorriendo desérticos paisajes urbanos e industriales, capturadas entre cables recuperados, neumáticos y otros desechos. Estas fotografías son testimonios dinámicos del enfoque performativo de la artista hacia la escultura y del profundo compromiso de sus obras con las tradiciones históricas del arte del paisaje y el retrato”. Y añadían: “La exposición presenta una amplia gama de esculturas de Booker, retorcidas y tejidas para formar tótems, monumentos, entornos y figuras. Un elemento destacado es la instalación inmersiva The Observance (1995), compuesta por neumáticos de caucho deconstruidos. Esta es la primera instalación de Booker con este característico material, elegido por sus ricas conexiones históricas y culturales. Booker fusiona preocupaciones ecológicas y tecnológicas con exploraciones de las diferencias raciales y económicas”.
Chakaia Booker ha conseguido así que los neumáticos –uno de los símbolos que mejor definen desde hace un siglo la civilización occidental– se transformen completamente y se conviertan en tótems que nos hablan de discriminaciones por raza, sexo o clase.