Exposicion de Andy Goldsworthy foto Nicholas Smale CC Exposicion de Andy Goldsworthy foto Nicholas Smale CC

Andy Goldsworthy: arte creado con la naturaleza

Andy Goldsworthy trabaja con la naturaleza para crear obras efímeras que exploran el paso del tiempo, la transformación y los ciclos de la vida.

Dialogar con el entorno, celebrar la belleza de la naturaleza creando poéticas composiciones con los elementos que la propia naturaleza le aporta en cada lugar. No violenta el espacio, lo enriquece con lo que encuentra en cada lugar: piedras, raíces, ramas, hielo, barro, espinas… Sus instalaciones son una colaboración con la naturaleza. Busca fluir con ella. Obras orgánicas y efímeras que nos hablan de los ciclos de la vida, de la re-creación, de la transformación, del –en último término– reciclaje más auténtico. Nuestro invitado hoy en la serie ‘Artistas en verde’ es el británico Andy Goldsworthy.

Brough Cone Pinfold by Andy Goldsworthy Foto Andrew Curtis
Brough Cone Pinfold by Andy Goldsworthy. Foto: Andrew Curtis

Apetece en estos albores del otoño detenerse en la tierra, en el campo, los espacios abiertos… Por eso hoy la serie Artistas en Verde rinde homenaje a uno de los nombres contemporáneos más reconocidos dentro del land art, Andy Goldsworthy (nacido en 1956 en Cheshire, Reino Unido). Todo su arte vinculado a la tierra significa un hondo compromiso con la naturaleza. De hecho, uno de sus lemas es que los paisajes nunca son algo muerto, sino algo vivo, nunca acabado, donde hay cosas que mueren y cosas recién nacidas; y su máxima es intervenir ‘con’ la naturaleza (más que ‘en’ la naturaleza), sin causarle alteraciones.

Su vínculo con la naturaleza ha sido y es totalmente auténtico, no un ecopostureo, tan en boga hoy, y ha definido y dado forma a su biografía. Andy pasó su infancia cerca de Leeds, en Yorkshire, donde comenzó a trabajar de joven en las granjas de los alrededores impregnándose del trabajo en el campo y del paisaje rural. Ahora vive en Escocia, donde ha instalado su taller en una antigua construcción de piedra. Su reconocimiento es tal que se le ha concedido la Orden del Imperio Británico.

Andy Goldsworthy es tiempo y naturaleza; semillas, raíces, ramas, espinas, hojas, barro, piñas, piedras, hielo, flores, carámbanos, nieve, lana de ovejas… De hecho, una de las últimas imágenes subidas a su web muestra capas de lana de oveja extendidas sobre tumbas de varios pequeños cementerios rurales; en otra intervención lo que ha extendido es hierba sobre esas tumbas, un escenario al que últimamente recurre a menudo el artista, pues qué puede dar mejor idea de lo efímero y cambiante de la vida. Se le considera el padre del arte con piedras en equilibrio, una actuación que, mal entendida y en plan masivo por turistas sin conciencia, crea muchos problemas en los ecosistemas: esas absurdas esculturas con guijarros que vemos por ejemplo en playas o en en medio de caminos.

Otras de sus intervenciones de land art subidas a su web (ojo, aunque estén en su web y sean para darle publicidad, usar esas imágenes no es gratis; su galería estadounidense cobra suculentas tarifas; el negocio es el negocio por mucha comunión con la naturaleza que propugnen) muestran una línea de piedras atravesando un árbol como si fuera una fila de hormigas, o la simple captación de unos artísticos carámbanos colgando del cerramiento de alambre de una finca, o una agrupación de hojas amarillas ordenadamente dispuestas en torno a un arroyo.

Andy Goldsworthy Storm King Wall en Storm King NY Foto Barry Leiba CC
Andy Goldsworthy Storm King Wall en Storm King NY. Foto: Barry Leiba CC

Aunque la mayoría de sus instalaciones artísticas responden al concepto efímero del land art –intervenciones temporales en el paisaje con los propios materiales que aporta la naturaleza– cuenta con instalaciones in situ permanentes en la National Gallery of Art en Washington DC; en el Young Museum, en San Francisco; en la Universidad de Stanford, en Palo Alto, California; en Digne-les-Bains, en la reserva natural geológica de Alta Provenza; en el parque nacional de Conondale, en Queensland, Australia… Y se ha presentado en importantes exposiciones, desde el Metropolitan Museum of Art, en Nueva York, al Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, en Madrid: en otoño de 2007 pudimos disfrutar de su arte en el Palacio de Cristal: “En las entrañas del árbol, tres cúpulas de madera de gran tamaño y una escultura en forma de huevo gigantesco, todas ellas realizadas con troncos de madera apilados, procedentes de la sierra de Madrid. Un palacio de madera dentro de un Palacio de Cristal”.

Uno de los grandes méritos de Goldsworthy siempre ha sido entender el contexto y adaptarse a él. Explicó en aquel momento que montar el palacio dentro del palacio le llevó dos meses de trabajo con la ayuda de seis personas.
Según el artista, “la instalación explora la conexión entre diferentes capas: un espacio creado con madera, rodeado por el cristal del Palacio, y, a su vez, rodeados ambos por la madera de los árboles del parque del Retiro”. El artista británico deseó que su muestra motivara a la gente a “entender de dónde vienen los materiales que empleamos a diario y adónde van”. Goldsworthy, que subrayó que ninguno de los árboles fue talado específicamente para la exposición, aclaró que todos los troncos empleados en la intervención artística serían posteriormente convertidos en paneles aglomerados para su aprovechamiento.

¿Qué se ha dicho de él? En Paisajismo digital han escrito así: “Para Andy Goldsworthy, la naturaleza es un todo. Si bien no teme llevar sus grandes esculturas a las ciudades, el artista británico basa su obra en el paisaje natural, aprovechando el entorno tal cual se manifieste. De esta forma, Goldsworthy juega con lo impredecible, con el azar. Si se encuentra en una playa y ocurre una tormenta, simplemente toma su cámara en aras de captar lo más artístico de la fuerza de la naturaleza. Bien sea a través de fotografías o vídeos, procura convertir un instante en un momento para la posteridad”.

Y en Cuadernos Hispanoamericanos podemos leer: “Uno de los más brillantes escultores británicos de su generación, representante del arte ambientalista o del arte ecológico. En realidad, se trata de un artista imposible de clasificar, que no admite encasillamientos ni definiciones cerradas. Es, podríamos decir, un espíritu salvaje, que trasmite en sus obras esa idea tan inquietante y anticlásica que el dicho español ‘¿cómo poner puertas al campo?’ transmite con contundencia. Esta frase coloquial da a entender, como señala el Diccionario de la RAE, la imposibilidad de poner límites a lo que no los admite, algo similar a lo que expresa la locución to stem the tide, una bellísima imagen que en inglés tiene todavía más fuerza ‒podría traducirse como “frenar la marea”‒ y pone de manifiesto la insignificancia del hombre frente al poder de la naturaleza y la incapacidad de éste para domeñarla. El artista se asombra con la tierra, disfruta ante su espectáculo, se impregna de su materialidad, participa de su dinámica y establece un diálogo profundamente respetuoso con ella. En este sentido, el trabajo de Goldsworthy (…) nos propone la gozosa tarea de participar de su pulso, de servirnos de sus mareas, de sus cauces y torrentes para utilizarlos en nuestro provecho, no yendo contra ellos, sino dejándonos fluir en ellos y permitiendo que su ritmo interno alimente la actividad creativa y sirva de motor a nuestra necesidad de resituarnos en el mundo”. “El artista, como un niño grande que se ha hecho finalmente consciente de la imposibilidad de poner barreras al latido del mundo en el que vive, nos ofrece la posibilidad de recuperar y redescubrir el placer de volver a construir castillos en la arena de la playa, sabiendo que la marea subirá y acabará por llevárselos; (…) y nos permite participar, de una manera adulta, consciente y activa, del milagro de una vida en constante transformación, del tránsito de las estaciones y de los cambios de la meteorología”.

Andy_Goldsworthy_exhibition foto Nicholas Slame
Andy Goldsworthy Exhibition. Foto: Nicholas Slame

Fugacidad y metamorfosis. Los ciclos de la vida. El bucle de la transformación. El sentido primigenio del reciclaje.

En 2016 también pudimos contemplar obra de este artista en Madrid en la gaería Slowtrack/Marta Moriarty, con el nombre de Espera. “Con este término, el autor se refiere a la expectación que exigen tanto la creación como la contemplación de la obra. La serenidad y el temple de ir colocando minuciosamente pequeñas hojas, palos o pétalos de flores, que una y otra vez se desmoronan antes de llegar a constituirse en obra, pues el camino de la belleza que el artista nos ofrece es pausado, tiene que ver con los fenómenos atmosféricos y sus tempos, con la soledad, la dilación, la resistencia personal y el aprendizaje que se extrae del fracaso. Hay algo en ello que recuerda al trabajo sigiloso de los monjes budistas realizando esos mandalas de arena que, tras un minuciosísimo trabajo de largos días, son destruidos como señal de la fragilidad del mundo y en recuerdo de lo efímero de las cosas”.

Feliz otoño, la estación que mejor nos recuerda todo esto: los ciclos de la vida, la fragilidad, lo efímero, la fugacidad…

Para terminar, en este pequeño vídeo podemos entender bien la práctica artística de Goldsworthy:

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