Satélite en el espacio Satélite en el espacio

Satélites y cambio climático: la paradoja ambiental del espacio

La tecnología espacial permite monitorizar el planeta en tiempo real, pero también deja una huella climática cada vez mayor.

Nos encontramos en un momento de expansión de la industria aeroespacial. El espacio va a ser una nueva carrera por parte ya no sólo de los países, sino de las empresas. Un buen ejemplo de ello lo ponen los satélites. La reducción drástica de los costes de lanzamiento, impulsada en gran medida por la tecnología de cohetes reutilizables ha propiciado que miles de satélites estén orbitando alrededor de la Tierra.

Satélite en el espacio

Vamos con los datos. Los datos más recientes de agencias de rastreo espacial como la Agencia Espacial Europea, la ONU o el catálogo especializado Jonathan’s Space Report reflejan que actualmente haya más de 15.600 satélites activos. Para poner este dato en perspectiva, en el año 2019 había apenas 2.200. Es decir, la cifra se ha multiplicado por siete en poco más de seis años.

Una de las claves de esta expansión tiene un protagonista: Elon Musk. De esos más de 15.600 aparatos, más de 10.300 pertenecen exclusivamente a su compañía de Internet satelital Starlink. Además, pone en órbita  entre 20 y 60 satélites semanales. A esto se le suma que competidores como Amazon, con su Proyecto Kuiper, y constelaciones estatales de China, como Qianfan, están empezando a desplegar de forma masiva sus propias flotas.

Con todos estos datos, la Agencia Espacial Europea estima que para el año 2030 podría haber cerca de 100.000 satélites activos en órbita, lo que multiplica los riesgos ambientales atmosféricos y de colisiones.

La gran paradoja

Como sucede con casi cualquier innovación o tecnología resulta difícil aunar los beneficios y las desventajas. Pero en el caso de los satélites, esta simbiosis es quizá más difícil todavía. Y es que, estos elementos tienen una labor fundamental en la lucha contra el cambio climático, pero también tienen un impacto negativo en la sostenibilidad.

Satélite en el espacio

En el lado de las ventajas, los satélites permiten medir variables como la temperatura global, el nivel del mar, la concentración de gases de efecto invernadero o la evolución de masas de hielo con una precisión difícil de alcanzar mediante redes terrestres. Gracias a la información que facilitan se pueden ajustar políticas, revisar metas de emisiones y anticipar fenómenos extremos como sequías, inundaciones o huracanes.

Además, la teledetección espacial ayuda a gestionar incendios forestales, evaluar la salud de bosques o la deforestación, y detectar fugas de metano en campos de gas, agricultura o vertederos. Estos datos permiten intervenir antes, reducir daños y optimizar el uso de recursos naturales.

Deforestación

Las ventajas también incluyen la mejora en la gestión de los acuíferos, la planificación de regadíos, la detección de hundimientos de suelo o la vigilancia de zonas costeras erosionadas. Además, en zonas rurales o de difícil acceso, los satélites incluso permiten estimar los niveles de pobreza y los cambios en el uso del suelo, lo que ayuda a orientar ayudas y programas de desarrollo sostenible.

En el ámbito de la calidad del aire, los datos de los satélites permiten estimar la exposición a gases contaminantes en áreas donde no hay estaciones de medición, lo que ayuda a diseñar políticas de salud pública y a reducir la brecha de información entre países desarrollados y emergentes.

Y finalmente, se encuentra el acceso a Internet gracias a los satélites como los de Starlink. Gracias a ellos zonas remotas tienen una conectividad a la que no podrían acceder de otra manera. Aunque puede parecer algo secundario, lo cierto es que este tipo de aparatos reducen los desplazamientos físicos, lo que ayuda a reducir la huella de carbono, potencian la telemedicina y permiten gestionar de forma remota las infraestructuras energéticas monitorizando en tiempo real embalses, redes de distribución de agua, suelos agrícolas o instalaciones industriales con lo que se optimiza el uso de recursos y se reduce el impacto medioambiental.

Por qué aceleran el cambio climático

No podemos vivir sin satélites. Hemos visto que los servicios que proporcionan son múltiples, pero los expertos empiezan a alertar que el modelo actual de despliegue va a generar problemas para la sostenibilidad del planeta.

Lanzamiento de satélite al espacio

El primero de los problemas que plantean los satélites tiene que ver con el carbono negro u hollín que se genera en cada lanzamiento espacial. Se trata de un tipo de contaminante formado por partículas de carbono muy finas que se generan principalmente por la combustión incompleta de combustibles fósiles, biomasa y diésel. El principal inconveniente de este contaminante es que a diferencia del que emiten coches o fábricas, el de los cohetes se inyecta directamente en la estratosfera y la mesosfera. En este sentido un estudio del University College of London demuestra que este carbono negro es 540 veces más eficiente reteniendo calor y alterando el clima en las capas altas de la atmósfera que las fuentes terrestres. Los modelos de proyección sugieren que para finales de esta década, las emisiones acumuladas representarán el 42% del impacto climático total del sector espacial.

Por otra parte, la explosión de constelaciones de miles de satélites multiplica la posibilidad de colisiones. El problema de estos accidentes es que se generan desechos que se mantienen en órbita durante décadas. Además, cuando los satélites llegan al final de su vida útil hay que “desorbitarlos” y esto implica que se tengan que incinerar al entrar en la atmósfera lo que libera óxidos metálicos (principalmente de aluminio) que pueden modificar la química de la estratosfera y acelerar la destrucción de la capa de ozono.

Según los análisis más recientes, las emisiones de partículas metálicas podrían pasar de unas 1.000 toneladas anuales a hasta 30.000 toneladas en 2040 si no se introducen medidas regulatorias. Esto supone un riesgo tanto para la sostenibilidad del espacio como para el equilibrio atmosférico.

Satélite en el espacio

¿Qué hacer?

Es evidente que los satélites están jugando un papel protagonista en la mejora de la sostenibilidad del planeta. Sin embargo, algo hay que hacer para frenar la expansión descontrolada de satélites y considerar el impacto ambiental que suponen los lanzamientos, la reentrada en la atmósfera de los aparatos obsoletos o la basura espacial que se genera. Se necesita avanzar en legislaciones globales claras sobre el uso de combustibles más limpios, en diseño de satélites pensados para desaparecer de forma más limpia así como en sistemas de reciclaje o de reutilización incluso cuando los satélites se encuentren en órbita.

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